
En un contexto en el que cada vez más herramientas de comunicación se vuelven accesibles y, en paralelo, los medios tradicionales se encuentran en situaciones de crisis,surge la inquietud sobre los límites difusos entre los contenidos elaborados por profesionales y aquellos realizados por aficionados y las implicancias de esta convivencia.
El tema fue abordado en el conversatorio «Ciencia fuera del molde», de la primera jornada del Segundo Foro Hispanoamericano de Periodismo Científico- Ediciión Argentina, que se realizó en el Centro Cultural España Córdoba, en la capital de la provincia mediterránea, con la organización de la Red Argentina de Periodismo Científico (RAdPC).
Con la moderación de Josefina Edelstein, integrante de la RAdPC, participaron de la charla Victoria Martínez, periodista y fundadora de FraguaLab, consultora especializada en comunicación científica y divulgación de Chile; Florencia Ballarino, jefa de redacción y líder de Chequeado Ciencia y presidenta de la RAdPC, y Pampa García Molina, periodista científica, directora del Science Media Centre España.
Consultada sobre cómo se comunica la ciencia ”fuera del molde” en Chile, Martínez aseguró que «el ecosistema de divulgación está creciendo cada vez más», de la mano de periodistas, como de científicos que utilizan espacios alternativos como los museos, redes sociales y podcasts, entre otros.
Por su parte, Ballarino señaló que los nuevos formatos tienen que ver con un cambio de hábitos en el acceso a la información. En ese sentido, recordó los resultados del estudio sobre consumo de noticias del Instituto Reuters, según el cual seis de cada 10 argentinos consumen noticias a través de redes sociales.
En relación con la incidencia de esta transformación, manifestó que ese consumo es «muy incidental». «Vas en el transorte ‘scrolleando’ y si te llama la atención una noticia, la ves y, si no, no te enterás», graficó. Otro aspecto al que hizo referencia es la permanencia del lector/espectador: «En el caso de los contenidos audiovisuales, se hace foco en los primeros segundos».
Estas particularidades influyen en la forma de procesar la información. «Como periodistas, nos replanteamos nuestros hábitos. Ahora, tenemos que pensar en la presentación audiovisual de una nota desde su génesis, no una vez que está terminada».
A su turno, García Molina mencionó el rol de los científicos que hacen divulgación con formatos de difusión independientes y a los denominados «influencers», que hacen contenido propio en redes sociales. «Muchos hacen un trabajo muy valioso, pero también hay gente aficionada y todo se mezcla», advirtió. «El formato puede ser muy bueno, pero el hecho de que haya muchos creadores de contenido que no están supervisados, que no tienen colegas a su alrededor que les puedan aportar críticas, hace que la producción quizá no sea buena en el fondo», añadió. E insistió: «En estos nuevos formatos se trabaja de manera muy individual».
El público de Science Media Centre España, que dirige García Molina, son periodistas, a quienes ofrecen datos, opiniones de especialistas y contenidos sobre ciencia para que los sumen a sus producciones.
Ballarino hizo hincapié en la importancia del periodismo colaborativo y el trabajo en red, una de las estrategias de Chequeado. «Acercamos contenido verificado a otros periodistas que crean contenido y publicamos juntos, de manera colaborativa», describió. Es uno de los mecanismos que permite adelantarse a las fake news. «Cuando hay desinformación sobre ciencia y salud hay que salir muy rápido», enfatizó.
García Molina insistió en la necesidad de cuestionar cuál es el criterio para definir que un contenido es profesional -y si está guiado por parámetros éticos- teniendo en cuenta la facilidad de transmitir información con recursos como un celular y un aro de luz. Sobre este punto, Ballarino consideró que ese criterio no puede ser el de la cantidad de seguidores o de «likes».
«Muchas veces, para llegar con contenido verificado a los más jóvenes, hay que hablar en su idioma y, para eso, hay que asociarse con un creador de contenido que pueda llegar a ellos, pero en la elección no puede primar la cantidad de seguidores», declaró. Y marcó la importancia de avanzar en una «alfabetización mediática», es decir, que la audiencia pueda ser crítica. En esa línea, Martínez apuntó que actualmente es posible «comprar» seguidores, que son cuentas de programas automatizados y no son legítimas.

